SERGE REGGIANI
La ballade des pendus (1968)

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LA BALADA DE LOS AHORCADOS
Letra: François Villon - Música: Louis Bessières

Frères humains qui après nous vivez
N'ayez les coeurs contre nous endurciz,
Car, se pitié de nous pauvres avez,
Dieu en aura plus tost de vous merciz.
Vous nous voyez cy attachez cinq, six
Quant de la chair, que trop avons nourrie,
Elle est pieça devoree et pourrie,
Et nous les os, devenons cendre et pouldre.
De nostre mal personne ne s'en rie :
Mais priez Dieu que tous nous veuille absouldre!

Se frères vous clamons, pas n'en devez
Avoir desdain, quoy que fusmes occiz
Par justice. Toutesfois, vous savez
Que tous hommes n'ont pas le sens rassiz;
Excusez nous, puis que sommes transis,
Envers le filz de la Vierge Marie,
Que sa grâce ne soit pour nous tarie,
Nous préservant de l'infernale fouldre.
Nous sommes mors, ame ne nous harie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

La pluye nous a débuez et lavez,
Et le soleil desséchez et noirciz:
Pies, corbeaulx nous ont les yeulx cavez
Et arraché la barbe et les sourciz.
Jamais nul temps nous ne sommes assis;
Puis ça, puis la, comme le vent varie,
A son plaisir sans cesser nous charie,
Plus becquetez d'oiseaulx que dez à couldre.
Ne soyez donc de nostre confrarie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre!

Prince Jhesus, qui sur tous a maistrie,
Garde qu'Enfer n'ait de nous seigneurie :
A luy n'avons que faire ne que souldre.
Hommes, icy n'a point de mocquerie;
Mais priez Dieu que tous nous vueille absouldre.

Hermanos humanos que después de nosotros vivís
No tengáis el corazón contra nosotros endurecido
Pues si piedad tenéis de pobres de nosotros
Antes Dios se apiadará de vosotros.
Nos veis aquí atados, cinco, seis
Y nuestra carne, que demasiado alimentamos,
Está tiempo ha devorada y podrida
Y nosotros, los huesos, devenimos cenizas y polvo.
De nuestra desdicha nadie haga burla:
¡Mas, rogad a Dios, por que a todos nos absuelva!

Si hermanos os llamamos, no debéis
Desdeñarnos, aunque hayamos sido muertos
Por justicia. Sabéis no obstante
Que no todos los hombres tienen el espíritu calmo.
Excusadnos, puesto que hemos fallecido,
Ante el hijo de la Virgen María
Para que su gracia por nosotros no se agote
Y que nos preserve del rayo infernal.
Estamos muertos, que nadie nos atormente;
¡Mas, rogad a Dios, por que a todos nos absuelva!

La lluvia nos ha limpiado y lavado
Y el sol nos ha secado y ennegrecido;
Urracas, cuervos, nos han horadado los ojos
Y arrancado la barba y las cejas.
Ni un solo instante tomamos asiento
Por acá y por allá, según sopla, el viento
No cesa de sacudirnos a su merced,
Más picoteados por los pájaros que dedales de coser.
No seáis pues de nuestra cofradía;
¡Mas, rogad a Dios, por que a todos nos absuelva!

Príncipe Jesús que reinas sobre todos nosotros,
Haz que el infierno de nosotros no se adueñe
Que nada tengamos con él ni le debamos.
Hombres, aquí de burla no es cuestión;
¡Mas, rogad a Dios, por que a todos nos absuelva!

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